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Mucha gente dice que fuma porque le tranquiliza, le ayuda a estar más calmado en momentos de estrés. Y esto, ¿es real o producto de nuestra sugestión?.
 
El tabaco tiene efecto en nuestro cerebro, la nicotina se une a la acetilcolina y eso produce que se produzca menos noradrenalina y dopamina; es decir, que por la nicotina se activa nuestro mecanismo de disminución de la frecuencia cardíaca y activación del tracto intestinal, por ejemplo, y esto sólo en 10 segundos tras la calada… esto de manera inmediata porque después la nicotina hará lo contrario, aumentar la producción de noradrenalina y dopamina que genera en el cuerpo el efecto contrario, y es cuando empezamos a encontrarnos más nerviosos, porque nuestro corazón va más rápido, nos cuesta mantener la concentración.
 
Cuando un fumador recurre al cigarrillo para calmar esta ansiedad que siente lo que hace es responder a la demanda del cerebro, y de ahí la sensación de calma, puesto que la necesidad se ha visto satisfecha y físicamente nos ha producido los cambios que coinciden con los que el cuerpo experimenta al relajarse, pero tras cada cigarrillo modificamos a estos receptores de tal manera que pasado un tiempo sólo el cigarrillo le dará esa sensación.
 
Los cambios no se quedan ahí, muchos estudios, algunos hechos en España nos muestran como el tabaco no se asocia con personas más relajadas y calmadas, sino en personas con mayor nivel de ansiedad y estrés; incluso se ha visto asociación con la depresión, presentándose con una mayor frecuencia y severidad.
 
La percepción subjetiva y a corto plazo es que alivia y calma; pero la realidad es que si no los crea, al menos mantiene y potencia los problemas.
 

Etiquetas ansiedad, depresión, estrés, fumar, nicotina, tabaco, estres